diumenge, 3 de novembre de 2013

Ian Watson: “No podías trabajar con Stanley Kubrick si estabas temblando”

Opinió 
Ian Watson. Foto de Adrià Guxens

También podéis leer la entrevista en inglés (VO) y en catalán (T).
Traducción al castellano de Nua Watford

Ian Watson es un hombre que tiene muchas cosas por explicar y, quizás porque es escritor, las explica con mucha gracia; es un hombre que no te deja hacer la entrevista tal y como la has planeado sino que te obliga a improvisar; es un hombre que habla tanto que te obliga a hacerle las preguntas entre calada y calada de los dos cigarrillos que se fumará durante la entrevista; es un hombre que explica cosas tan increíbles que a veces te hace cuestionar si lo que dice es cierto y es un hombre que justo antes de hacerle la fotografía te pide que trates de reflejar su sabiduría, su ironía y, especialmente, su seco sentido del humor. Adria’s News habla en el Festival Celsius 232 con el escritor Ian Watson, que recientemente ha publicado El Inca de Marte y 50 Recetas con Nombre, para conocer por qué cree que hay mareas en el Mediterráneo, por qué no se ha leído El Señor de los Anillos y, sobretodo, para saber cómo fue trabajar con Stanley Kubrick en la elaboración de la historia de Inteligencia Artificial, la película que finalmente acabó dirigiendo Steven Spielberg.


¿Cuándo te diste cuenta que querías ser escritor?
Bueno, a los 10 o 11 años quería ser escritor. Pero tenía varias ambiciones tempranas porque vivía en una zona muy aburrida al norte de Inglaterra. Al principio quería ser coleccionista de cactus en el desierto de Arizona porque cuando era pequeño no había muchos cactus en las tiendas. Eran muy poco comunes y a mí me parecían plantas de otro planeta porque eran muy diferentes de cualquier otra cosa. También quería ser químico, pero se me daba muy mal la química. Durante un examen práctico había un experimento llamado titración. Teníamos que chupar un tubo hasta sentir el alcohol mentolado en la boca, y accidentalmente me tragué medio litro y decidí dejar la química.

¿Leías ciencia ficción por aquel entonces?
Sí, empecé a leer bastante temprano. De milagro en la biblioteca pública tenían primeras ediciones de A. E. van Vogt, Asimov, Alfred Bester. Estaban ahí mezclados con todos los otros libros y los leí porque los nombres de los autores les hacían parecer sabios, raros… Así que me intrigaba qué podía haber ahí. Eran mucho más interesantes que nombres como Charles Dickens o Jane Austen, ¡bah! ¡Van Vogt! Mira su nombre…

Así que lo que te llevó a leer ciencia ficción fueron los nombres de los autores…
Y además, bueno. En 1956, cuando tenía trece años, había una radio intelectual producida por la BBC que se llamaba The Third Program [El Tercer Programa] o algo así. Un domingo por la tarde hubo una dramatización de tres horas de una novela de ciencia ficción de la que seguramente no has oído hablar: A Voyage to Arcturus, de David Lindsay. Ahora la están volviendo a publicar en inglés una y otra vez. No era un escritor de ciencia ficción, pero tenía una gran imaginación. Básicamente, el principio es bastante normal, pero después los personajes van al faro y miran a la estrella Arcturus. Un poco más tarde son transportados a ella en un gran cilindro de metal y una vez allí ven que cada zona tiene una filosofía de vida diferente. Es un libro que, al igual que los de van Vogt, puede ser leído de forma preciosa o muy mala y torpe, pero cuando lo escuché en la radio durante tres horas fue alucinante.

¿Cuándo te convertiste en escritor a tiempo completo?
Escribí unas tres novelas cortas en la universidad, muy pretenciosas y estilísticas. Básicamente no tenía suficiente experiencia de vida, pero trataba de mantener mi estilo. Quería escribir la frase perfecta, así que nada de lo que escribía se publicaba. Tenía muchas ganas de ser escritor, pero necesitaba saber sobre qué escribir.

Nombres “Los escritores de ciencia ficción tienen nombres mucho más interesantes que Charles Dickens o Jane Austen”


Es algo importante.
Sí, lo es. Pero cuando era joven, la tía de Oscar Wilde le preguntó que qué iba a ser cuando fuera mayor y él contestó que iba a ser escritor. Ella le preguntó sobre qué iba a escribir y él respondió que uno no escribe sobre cosas, uno simplemente escribe. Es algo así, pero cuando acabé la universidad conseguí trabajo en el este África. Me lo dieron porque había estudiado una carrera de investigación, pero no era lo suficientemente respetado como para conseguir trabajo académico en Inglaterra, así que me mandaron ahí.

Primero África, después Tokio… Son bastante diferentes, ¿verdad?
Mucho. Lo que me sorprendió de África fue el mundo no occidental, sus creencias alternativas y sus paisajes e historia tan diferentes. Había grandes ciudades en el pasado. ¡No estuvo bien que los europeos fueran a África a traer una civilización que ya estaba ahí! Y Tokio me despertó de cara al futuro, porque incluso a finales de los 1960 Tokio era una ciudad futurista. No me interesaban mucho las formas más elegantes de la cultura japonesa, como por ejemplo el kabuki. Me interesaban mucho más la vulgaridad popular y el brillo del sintoísmo y las Puertas de Millones de Entradas, donde parece que estés viajando por tu propio flujo sanguíneo.

Una buena intersección…
Sí, había una conjunción perfecta entre esto y los robots y la publicidad. Además, en ese tiempo Tokio estaba bastante contaminada, sólo se veía el Monte Fuji tres días al año: durante las festividades del Año Nuevo, cuando nadie conduce ni trabaja. Los árboles tenían botellas nutritivas para mantenerlos vivos, 20.000 profesores tuvieron gota en las cuerdas vocales debido a la contaminación, había enfermedades industriales… Así que había un sentimiento de zona de catástrofe, una mezcla entre el apocalipsis, un futuro utópico y la intersección de las creencias tradicionales populares. Ahí es donde empecé a escribir ciencia ficción, como un mecanismo de supervivencia.

¿Cómo era enseñar en Japón?
La universidad en la que trabajaba contrató demasiados profesores para el primer año, así que yo impartía una clase a la semana. El resto del tiempo, aparte de algo de administración, jugaba al juego de los cuadrados con un mecánico indio e iba a nadar para ver los arrecifes de coral… Llegué a Japón en 1967 y en 1970 se iba a renovar el tratado de  seguridad entre Estados Unidos y Japón. Así que tres años antes los estudiantes militantes se pusieron en huelga, que duró dos años y medio. Durante ese tiempo al principio los otros profesores japoneses y yo teníamos que andar entre filas de estudiantes para ir a recoger nuestros sobres marrones de dinero y después, un año más tarde, la policía tomó la universidad y durante 18 meses más tuvimos que andar entre filas de policías para recoger el dinero. En ese tiempo nos subieron el salario cinco veces. Andaba mucho por las calles de Tokio e iba a Kioto tantas veces como podía permitirme, y por supuesto tenía tiempo para escribir. Todo esto ocurrió a la misma vez.

Tolkien “Prefiero leer los escritores de la decadencia francesa del siglo XIX que El Señor de los Anillos


He oído que no has leído El Señor de los Anillos
No. Nunca lo hice en su momento. Era estudiante en Oxford y Tolkien todavía estaba vivo. Fui a un par de conferencias de su hijo, Christopher Tolkien. En la universidad tuve que estudiar literatura anglosajona, medieval, escandinava e islándica. No me interesaban mucho la mitología ni las lenguas, así que para mi sido leer El Señor de los Anillos hubiera sido una prolongación del dolor. Prefiero leer a los escritores de la decadencia francesa del siglo XIX y ahora es demasiado tarde para leerlo.

¿Cómo fue recibir una llamada de Stanley Kubrick para desarrollar la historia de Inteligencia Artificial con él?
Bueno, sabía que Kubrick vivía en Inglaterra y que no cogía aviones ni se movía. También sabía que estaba trabajando con él un amigo mío, Bob Shaw, un escritor de ciencia ficción irlandés. De hecho, él solo duró seis semanas porque era demasiado nervioso, y no podías trabajar con Kubrick si estabas temblando. Bob solía llegar a la estación a las diez en lugar de las once para tomar un whiskey y tranquilizarse hasta que el chofer de Kubrick, Emilio D’Alessandro, empezó a sospechar y fue a la estación una hora antes y vio lo que estaba haciendo Bob. Él no podía enfrentarse al estrés de trabajar con Kubrick, así que recibí una llamada del su asistente. Me dio muy poca información y me dijo que a Kubrick le gustaría conocerme y que mandarían un coche, pero como yo quería estar en control les dije que iría yo hacia allí con mi coche.

¿Cómo fue la reunión? Kubrick es una leyenda pero no tiene demasiada buena fama en lo que es el trato humano…
Pues fue muy hospitalario, tenía un sentido del humor seco y se centraba muchísimo en lo que hacía. Stanley y yo compartimos comida china para llevar y me pidió que escribiera un cuento de 12.000 palabras: era una prueba. Me dijo que me pagaría 20.000 dólares y pensé que sonaba muy bien. Así que escribí las 12.000 palabras, que nunca serán publicadas porque pertenecen a Warner Brothers. Poco después de mandárselo me pidió que volviera. Tomamos comida china otra vez y me dijo que lo que había escrito no le servía para el proyecto pero le gustó lo cómo lo hice, y me preguntó si me gustaría trabajar con él cada semana. Trabajamos juntos durante nueve meses.

África “¡No estuvo bien que los europeos llegaran a África para llevar la civilización cuando esta ya estaba allí!”


¿No te daba miedo ser despedido como Bob Shaw?
Bueno, sólo tuve un par de colapsos mentales en ese periodo, pero hubo dos cosas que me mantuvieron a salvo. El primero es que nunca creí que aquella historia acabaría siendo una película y después, que insistí en mis propias condiciones: le dije a Stanley que solo trabajaría por la mañana y los días entre semana. Obviamente intentó hacerme ceder, pero el truco con Stanley era no dejarse quemar y no asustarse porque te pudiera despedir. Sobreviví esta aventura surrealista hasta que escribí la historia para la película. Cuando acabé Stanley la leyó y dijo que lo sentía mucho pero se sentía desanimado y deberíamos dejar de trabajar juntos. Fui una de las pocas personas que tuvieron el privilegio de ser despedidas por teléfono personalmente por Stanley. Tres meses más tarde me llamó y me preguntó si recordaba lo que había escrito para él, le dije que sí… y continuamos.

¿Cómo reaccionaste cuando te dijeron que Spielberg iba a dirigir la película?
Bueno, me dio pena que Stanley muriera. Se mató a trabajar para acabar Eyes Wide Shut, y si no hubiera muerto probablemente todavía estaría trabajando en el proyecto. Stanley ya me había dicho que le había preguntado a Spielberg si podía dirigir la película.

¿Te gustó su versión?
No era la versión de Spielberg; era bastante fiel a la película que quería hacer Stanley, aunque había algunas intrusiones, como por ejemplo una bicicleta que vemos que creo que no estaba ahí. Un profesor de la universidad de Moscú que estaba escribiendo una tesis doctoral sobre las diferencias entre ambas versiones me hizo la misma pregunta y le dije que básicamente no había diferencias. Me mandó un correo diciendo que todo el mundo le decía lo mismo, que probablemente tendría que abandonar la tesis. Él creía que en los últimos 20 minutos de la película había algún tipo de sentimentalismo por parte de Spielberg, pero era exactamente lo que escribí filmado por él.

¿Te pareció bien recibir el crédito de “historia por Ian Watson” o crees que merecías más?
Me pareció bastante bien.

¿Por qué no quisiste escribir el guión?
Para empezar no soy guionista. Además creo que Spielberg esperaba conseguir una nominación al Oscar al mejor guión ya que no li ganó por E.T., que creo que fue su primer guión para una película de ciencia ficción. Nada de esto pasó, en parte porque la película era demasiado inteligente y poética para que los americanos pudieran entenderla, aunque fue la cuarta película que hizo más dinero en todo el mundo ese año. Además, Spielberg encontró cosas que yo había escrito y olvidado porque Stanley me dijo que las quitara de la historia.

Inteligencia Artificial I. A. era demasiado inteligente y poética para que los americanos pudieran entenderla”


Recientemente has publicado en España El Inca de Marte. ¿Por qué Marte? ¿Por qué el Imperio Inca?
Hmm… No se si escogí Marte o los Incas primero. Lo que pasa es que no me interesan mucho los Mayas y la gente estaba empezando a interesarse por el calendario, que era bastante banal, y a nadie le interesaban los pueblos Quechuas. Además, de casualidad, el mismo año que publiqué el libro salió La Guerra de las Galaxias y en la famosa escena del bar hablan Quechua porque es un idioma tan poco conocido que funciona muy bien como lengua alienígena. Aparte de eso, no tenían cosas tan típicas como rituales de sangre y dioses con nombres extraños tales como Tezcatlipoca, Quetzalcoatl…

Y después hay la anécdota con el agua…
¡Dios mío! Al principio dije que había agua en Marte, pero cuando investigué más a fondo descubrí científicamente que no había, tal y como la gente creía. Tuve que corregir mi error en el mismo número de espacios, letras y caracteres que había en la versión de la novela donde escribía que había agua en Marte. Más tarde recibí mi copia de la revista New Scientist y el titular decía: “Se encuentra agua en Marte”. Mierda. ¡Si no hubiera investigado habría tenido razón! Todavía no se ha probado que lo que decía en mi libro estuviera mal, lo que está bastante bien tras 40 años ¡Así que quizás tenga razón!

Hablando sobre agua, he oído otra historia relacionada con agua, pero ésta tiene que ver con el sur de España y con nadar.
¡Sí! He dejado de nadar para siempre. Fue en una playa en Almería; a unos 100 metros de la costa había un banco de arena, yo estaba ahí de pie mirando a mi alrededor y sólo avancé un metro que me hundí y entré en el pánico de pre ahogamiento. Esto me demostró que sí hay corrientes en el Mediterráneo. Había leído un libro de Stephen Baxter llamado Inundación sobre cómo el agua que está bajo la superficie de la tierra empieza a salir hasta que acaba cubriendo el Everest, lo que tuvo un efecto negativo en mi cerebro. Así que escribí un cuento corto en el que ocurre lo contrario, una gran cantidad de agua desaparece de la superficie y el Mediterráneo se seca. Mandé el cuento a la revista Nature, que es la meca de los científicos pero que publica un cuento corto de ciencia ficción en la última página, y mi amigo que editaba esa sección me dijo que no había corrientes en el Mediterráneo. Yo le pregunté que cómo se llama algo que el nivel de agua en la playa dos veces al día y entonces vuelve a bajar. De todos modos, triunfé sobre la ortodoxia científica de Nature y publicaron mi cuento, pero no voy a volver a ir a la playa.

Paro “Fui una de las pocas personas privilegiadas de ser despedidas por teléfono personalmente por Stanley Kubrick”


Estás casado con Cristina Macía, traductora al español de Juego de Tronos. Tengo que preguntar, pues, ¿Te gustan los libros?
“Me encanta Juego de Tronos” fin de la cita. En realidad no los he leído [susurrando]. Normalmente no me gusta el heroísmo fantástico, prefiero la ciencia ficción. Así que al igual que El Señor de los Anillos no he leído Juego de Tronos, pero me encanta la serie de la HBO. Me gustan mucho otras cosas que ha escrito George R.R. Martin, por ejemplo, cuando salió su primera novela Muerte de la Luz la leí casi inmediatamente con admiración y bla, bla, bla…

Hace poco has escrito un libro a cuatro manos con Cristina: 50 Recetas con Nombre.
Yo investigué y escribí las historias, Cristina preparó las recetas y alguien tradujo mis historias. Nos lo pasamos muy bien porque descubrí muchos hechos raros de la historia, hasta que parece que durante el siglo XIX hubo una historia secreta desde el punto de vista gastronómico. Muchas cosas ocurrieron debido a la gastronomía: el duque que expulsó a los británicos de Mallorca descubrió la mayonesa en Maó y la llevó de vuelta a Francia para desarrollarla y un chef francés llamado Olivier llevó la mayonesa a Rusia y es el creador de la “Ensaladilla Rusa”, que en Rusia es conocida como “Ensalada Olivier”. En España la ensaladilla rusa era muy popular pero el nombre tuvo que cambiarse a Ensaladilla Nacional debido a Franco.

¿Cual es tu receta favorita del libro?
Pollo a la Marengo, porque hay muchas mentiras con este plato. Napoleón utilizó la versión falsa de la batalla de Marengo. Hizo que pareciera un gran éxito militar cuando en realidad casi la perdió, pero gracias a este plato la versión falsa de la historia se hizo más popular.

Kubrick “Nunca creí que Inteligencia Artificial acabaría siendo una película


Especial entrevistas Festival Celsius 232 de Avilés 2013
  • Entrevista con David Simon, creador de The Wire (ingléscastellanocatalán).
  • Entrevista con Cristina Fallarás, periodista y escritora de A la Puta Calle (castellanocatalán).
  • Entrevista con Christopher Priest, autor de El Truco Final (ingléscastellanocatalán).
  • Entrevista con Elio Quiroga, cineasta y escritor de El Despertar (castellanocatalán).
  • Entrevista con Ian Watson, creador de la historia de Inteligencia Artificial (ingléscastellanocatalán).
  • Entrevista con David Monteagudo, escritor de Fin y Brañaganda (catalán).
  • Entrevista con Steven Erikson, escritor de la saga Malaz: el Libro de los Caídos (ingléscastellanocatalán).
  • Entrevista con Ana Campoy, escritora de la serie de libros Las Aventuras de Alfred & Agatha (castellanocatalán).
  • Entrevista con Robert J. Sawyer, escritor de FlashForward (ingléscastellanocatalán).
  • Entrevista con Carlos García Miranda, autor de Enlazados y guionista de Los Protegidos y El Internado (castellanocatalán).
  • Entrevista con Joe Abercrombie, escritor de la trilogía La Primera Ley (ingléscastellanocatalán).

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